
He escuchado muchas veces que los humanos nos aferramos a algo mas fuerte que nosotros, para tratar de buscar la suerte o el apoyo que necesitamos para lograr nuestras metas; esto se conoce comúnmente como “Cabala”.
En el fútbol las cabalas son pan de cada día, a continuación les presento algunas de las más famosas y “acertadas” cabalas que han existido en nuestro fútbol nacional:
En Chile, el éxito de Colo-Colo 91 termino con institucionalizar el uso de las cabalas. La escuadra de Mirko Jozic alcanzo la final de la copa Libertadores y se adueño de ella en una campaña cargada de tics y simbolismos. En el extranjero, cada vez que el Pullman transportaba a los jugadores a un partido o a los entrenamientos, la “Sopa de Caracol” sonaba a destajo. Las rutinas eran seguidas al pie de la letra y nunca hubo un solo cambio en la distribución de las piezas del hotel ni en los asientos de los buses.
Para cada partido el paramédico de Colo-Colo, Garra Velásquez, se ponía a la salida de la manga norte del estadio, donde los jugadores entran al campo por el camarín, con su estampita de Teresa de los Andes en la palma de la mano, la que uno a uno los pupilos de Josic hiban tocando mientras ingresaban mentalizados en derrotar al rival de turno.
Los equipos campeones siempre les da algún grado de credibilidad a sus cabalas. Cobreloa se mantuvo invicto durante 26 fechas y se quedo con la corona de 1992, entre otras razones, debido a que en el plantel se uso en todas las ciudades del recorrido el mismo bus. Algo similar ocurrió con Universidad de Chile durante sus gloriosas jornadas del bicampeonato 94/95. Las comidas grupales en el restoran Valerio se hicieron obligatorias y trascendieron como rutinas de un plantel ganador.
Cabalas personales:
Andrija Percic, que a principios de los 90 dirigió a Antofagasta y Huachipato, nunca se sentaba a la banca durante los partidos si no llevaba puestos sus viejos zapatos de fútbol. De igual modo, al brasileño Severino Vasconcelos le costo mucho desprenderse del calzado con el que debuto en Colo-Colo en 1979.
Uno de los talismanes más famosos fue el oso de peluche que Patricio Toledo acomodaba en el pórtico que le tocaba resguardar, siempre detrás de uno de los verticales. Era un regalo de Juvenal Olmos después de la participación de Chile en los Juegos Olímpicos de 1984. El guardián de Universidad Católica se sentía reconfortado con su amuleto, pero el brasileño Rubens Nicola se lo arrebato en un cotejo contra Rangers y, con alevosía, se lo lanzo a la barra contraria. De la galería solo volvieron algún despojos: una oreja rota y una pierna amputada. Toledo lo quería matar: “Le dije de todo. También tenia ganas de pegarle, pero como estábamos en pleno partido me contuve”.
En el fútbol las cabalas son pan de cada día, a continuación les presento algunas de las más famosas y “acertadas” cabalas que han existido en nuestro fútbol nacional:
En Chile, el éxito de Colo-Colo 91 termino con institucionalizar el uso de las cabalas. La escuadra de Mirko Jozic alcanzo la final de la copa Libertadores y se adueño de ella en una campaña cargada de tics y simbolismos. En el extranjero, cada vez que el Pullman transportaba a los jugadores a un partido o a los entrenamientos, la “Sopa de Caracol” sonaba a destajo. Las rutinas eran seguidas al pie de la letra y nunca hubo un solo cambio en la distribución de las piezas del hotel ni en los asientos de los buses.
Para cada partido el paramédico de Colo-Colo, Garra Velásquez, se ponía a la salida de la manga norte del estadio, donde los jugadores entran al campo por el camarín, con su estampita de Teresa de los Andes en la palma de la mano, la que uno a uno los pupilos de Josic hiban tocando mientras ingresaban mentalizados en derrotar al rival de turno.
Los equipos campeones siempre les da algún grado de credibilidad a sus cabalas. Cobreloa se mantuvo invicto durante 26 fechas y se quedo con la corona de 1992, entre otras razones, debido a que en el plantel se uso en todas las ciudades del recorrido el mismo bus. Algo similar ocurrió con Universidad de Chile durante sus gloriosas jornadas del bicampeonato 94/95. Las comidas grupales en el restoran Valerio se hicieron obligatorias y trascendieron como rutinas de un plantel ganador.
Cabalas personales:
Andrija Percic, que a principios de los 90 dirigió a Antofagasta y Huachipato, nunca se sentaba a la banca durante los partidos si no llevaba puestos sus viejos zapatos de fútbol. De igual modo, al brasileño Severino Vasconcelos le costo mucho desprenderse del calzado con el que debuto en Colo-Colo en 1979.
Uno de los talismanes más famosos fue el oso de peluche que Patricio Toledo acomodaba en el pórtico que le tocaba resguardar, siempre detrás de uno de los verticales. Era un regalo de Juvenal Olmos después de la participación de Chile en los Juegos Olímpicos de 1984. El guardián de Universidad Católica se sentía reconfortado con su amuleto, pero el brasileño Rubens Nicola se lo arrebato en un cotejo contra Rangers y, con alevosía, se lo lanzo a la barra contraria. De la galería solo volvieron algún despojos: una oreja rota y una pierna amputada. Toledo lo quería matar: “Le dije de todo. También tenia ganas de pegarle, pero como estábamos en pleno partido me contuve”.
